Momentos Lucidos

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Momentos Lúcidos

Palomino 2018

Residencia artística: amistad, territorio y transformación.

palabras por: Usted Mismo

fotos por: Carlos Sandoval, Camilo Cuervo, David Bustos Balanta

 

> Éramos pocos, pero nunca son pocos los corazones cuando se trata del trabajo comunitario. Germán, Camilo, Daniel, Leo, Luci, Felipe y Testa fueron parte de nuestro equipo, y David (el caleño) y Nataly nuestros asistentes. Estuvimos titubeando acerca de si nos arriesgábamos o no a hacer el proyecto con sólo dos personas. Todos estuvimos de acuerdo, se hace o se hace. Y bueno, lo hicimos y de qué manera.

Durante 6 días estuvimos compartiendo con los habitantes del corregimiento de Palomino y los participantes de Momentos Lúcidos 2018, a través del acercamiento a diferentes técnicas artísticas como el muralismo-graffiti, la arquitectura, el reciclaje, el arte con vidrio, el cine, la escultura; también realizamos un trabajo de sensibilización práctica y teórica sobre la apropiación del territorio a través del arte como mecanismo de transformación social y cultural.

Fue Germancho, el arquitecto de barba y pelo largo, que con una energía tan bonita que resplandece entre tanto arte de vidrio reciclado o por reciclar, nos abrió las puertas de su taller y nos mostró los lugares que podíamos intervenir y transformar en Palomino. Él ha vivido en este lugar por 8 años, ha podido compartir con los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta y comprender, de cierta manera, las necesidades de un lugar sagrado que está siendo devorado por el turismo y la pérdida de las costumbres. Germancho se ha dedicado a vincular la arquitectura con el medio ambiente, para así reciclar en sus diseños el vidrio que genera la enorme vida turística del corregimiento.

 
 

Hacemos los recorridos de los lugares que se pueden intervenir, entre mares de mangos que siguen cayendo de los palos aún cuando la tierra está cubierta de éste manjar. Recogemos y vamos comiendo. Recorremos los tres posibles puntos que mencionó Germancho y al final, en uno de ellos, se abre la posibilidad de pintar la Casa de Paso Indígena (Iku Uraka), lugar que sirve como punto de acopio y en la cual los indígenas pasan la noche para restablecer fuerzas. La casa se encuentra al otro lado de la playa palominense, y está justo en la entrada a la Sierra. Las 4 comunidades que habitan el Corazón del Mundo usan este refugio para descansar mientras hacen vueltas, negocios y toman churro, un trago familiar para los indígenas y, ahora, para nosotros. Hablamos con el mamo arhuaco encargado de Iku Uraka, Chema, quien le apuesta a esta intervención artística - ¡qué lindo es esto!-. Pedimos permiso, conversamos sobre el propósito del proyecto Momentos Lúcidos, y él nos compartió su historia, nos enseñó su iconografía, aquello que le gustaría que estuviese en la casa: compartimos la palabra que para ellos reside sobre el hayo y la cal como los principios creadores del mundo. Nos lanzamos a diseñar, a pintar muros, a trabajar mosaicos, a pegar pedazos de vidrio de colores y compartir con las gentes de la zona y con los talleristas.

 
Así transcurrieron los días: aprendiendo acerca del mosaico y del vidrio, del territorio y el espacio, de la gráfica y el mural, de la comida y los buenos sabores: pintando la Casa indígena.
 

Cuando terminamos de trabajar en ella, y al ver que los postes del camino hacia la casa indígena tenían propaganda de candidatos políticos, acordamos resignificar ese espacio con pintura y mosaicos. Fue así como en 2 días, 16 postes se convirtieron en un hecho político a través del arte. Para nosotros el espacio y sus elementos son una obra que va cambiando con los usos de sus habitantes.

En definitiva, la residencia con sus líneas de trabajo: cerámica (vidrio y mosaico), muralismo y gráfica, cine, territorio, memoria, arte y cocina vegetariana/vegana, nos permitió compartir e intervenir el espacio con los indígenas, campesinos, palominenses, turistas y participantes en un escenario de aprendizaje, trabajo y conocimiento. Es por ello que, cabría preguntarse, además, quién interviene a quién, qué más se transformó, más allá del espacio físico, y por qué se transformó. La voz del otro, de los otros, también son partícipes del proyecto que le dan sentido a lo que hacemos a través de nuestras acciones. Como el dueño de la empresa de agua para consumo humano que nos obsequió toda la que quisiéramos, o las mujeres arhuacas, tímidas al principio, que terminaron pintando con nosotros su espacio e incluso obsequiándonos mochilas tejidas que las llevamos puestas a cualquier lugar que nos encontremos, sea ciudad o campo. O Chema que, al escuchar sobre la experiencia y cómo había quedado la casa de paso indígena, terminó invitándonos a la escuela que queda más adentro en la Sierra (por cierto, no les comentamos, Chema es invidente ¿Ah? quedó contento por lo que escuchaba y por cómo percibía la transformación de su espacio). Así innumerables historias que permiten que estos proyectos sigan andando. Gracias. Ahh, pero algo falta, a pintar, a compartir, a comer, a reír y a tomar ñeque hay que sumarle también la oportunidad de ver cine en la Casa de Paso Indígena con quien pasara y decidiera quedarse y compartir, indígenas, campesinos, niños, niñas, jóvenes, hombres y mujeres; todos y todas.

Durante todo el proceso de la residencia, se escucharon voces que aprobaban o indagaban por el proyecto y el trabajo que se estaba haciendo. Independientemente de si lo conocían o no, siempre hubo un mensaje que se mantuvo claro: cuando quieran, bienvenidos por acá. Objetivo cumplido entonces, se generaron espacios de diálogo en escenarios artísticos entre personas, medio ambiente y territorio. <

 

La segunda versión de esta Residencia Artística: Momentos Lúcidos- Palomino 2019, pretende ir un poco más adentro en este lugar de tránsito para compartir, transformar, aprender y proteger. Seguiremos cambiando el mundo a través del arte y el corazón, pues todavía queda mucho por hacer.

 

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