Ni a Irse Ni a Quedarse, a Resistir_ Usted Mismo

En Colombia han existido un sinnúmero de protestas, movilizaciones sociales y marchas que buscan visibilizar la necesidad de un cambio de las condiciones materiales de existencia para aquellas personas que han sido -y son- sometidas al desplazamiento forzado, a la pobreza, a la desaparición y a diversos tipos de exclusión o marginalidad político-social.

A menudo, en la ciudad de Bogotá se observan protestas que marchan por la carrera séptima hacia a la plaza de Bolívar, lugar en el que se encuentran las edificaciones representativas del Estado, entre ellas la Alcaldía de Bogotá, la Corte Suprema de Justicia, la residencia presidencial y por supuesto, la Catedral Primada de Colombia. Marchar para ocupar la plaza se corresponde con el acto de llenar el vacío de un Estado ausente; los actos de intervención en aquel espacio público, por multitudinarios y representativos que sean, terminan inevitablemente por disolverse, y en algunas ocasiones, por efecto de la fuerza pública. De esta manera, se reinventa una y otra vez la paradójica relación de la ciudadanía con la autoridad que reafirma su presencia con el silencio.

Pero no queremos ser malinterpretados: no todas las manifestaciones reproducen ese regreso al vacío del poder estatal. No está de más recordar algunas intervenciones emblemáticas como la marcha del silencio en 1948 -convocada por Jorge Eliécer Gaitán-; las movilizaciones cívicas en 2008 en contra de los ataques a la población por parte de las FARC-EP, la cual, se reprodujo en otras ciudades del país y del mundo; la movilización estudiantil en 2011 en contra del proyecto de reforma a la ley 30 de educación; o el campamento que realizó un grupo de jóvenes por varios días en 2016, justo después de que el NO ganara en el plebiscito por la Paz. La plaza de Bolívar en Bogotá ha sido sin duda un espacio central de encuentro y resistencia en el ejercicio de participación ciudadana. Pero esa misma idea de centralidad es la que nos permite pensar en los márgenes de la resistencia política, la que se desarrolla en las ciudades secundarias, en pueblos y veredas, y por supuesto, en los barrios populares de las grandes urbes. Allí brotan formas de participación comunitaria que actúan frente a los problemas que lo aquejan a usted, a muchos, y en últimas, a todos.  

Justamente, fue en Bogotá donde nació el colectivo Usted Mismo, el cual no pretende negar las instituciones del Estado colombiano, ni tampoco descalificar las diversas manifestaciones que realiza la ciudadanía. Usted Mismo ocupa un espacio sin lugar determinado -queremos vivir en comunidad en donde quiera que estemos- en el cual podamos esforzarnos por construir una resistencia personal y colectiva en relación con los problemas que está viviendo el país. Es decir, encaminar los pasos hacia otras formas de actuar político no necesariamente asociadas a las formas tradicionales que hemos conocido.

Estamos aquí para pararnos duro y resistir a los problemas que nos aquejan día a día, como seres humanos y como colectivo. Resistir no es resignarse a poner la otra mejilla, sino aventurarse a correr el riesgo de poner las dos de lleno, de apostar -así sea una sola vez- todas las fichas por el valiente acto de vivir en comunidad. En el colectivo nos preguntamos ¿cómo con nuestras acciones podemos combatir las problemáticas que afectan a nuestra sociedad? Sabemos que no estamos solos. Hemos reparado que el mundo en que vivimos y que hoy se forja, condiciona y selecciona a sus mejores representantes para mantener la máquina neoliberal operativa, acelerada y sin perturbaciones. Por ello, este es también el mundo de los aislados, de aquellos que no están dados a ayudarse unos a otros, a mirarse y a estar a la escucha de sus muy diversos anhelos. Ahora bien, ¿cómo escucharnos? ¿cómo forjar ya no el mundo de hoy sino un mundo en común-unidad? No lo sabemos -todavía-. Lo que hemos aprendido es que estar abandonados a la suerte significa esperar que un otro, el Estado, haga lo que podría asumir cada uno como ciudadano.

Este “apartheid neoliberal” que refuerza lo previsible y la igualdad sin posibilidad de diferencia entre un sujeto y otro, es el mismo que permite hacer el cálculo productivo de hacerse cargo de sí mismo (pague su educación privada, su salud prepagada), y termina por impermeabilizar la vida y acorazar el corazón: aquel o aquella que no puede hacerse cargo de sí, se le cataloga como fracasado. Irónicamente, lo que ha generado esta autonomía neoliberal del sí, es abrir la posibilidad de organización en diversas formas de resistencia individual y colectiva, allí donde el discurso de “hazte a ti mismo por encima de los demás” no ha logrado calar. Por ello, destacamos todas aquellas apuestas que han hecho de sí mismas su propia representación: han tomado en sus manos la posibilidad de cambiar o transformar sus condiciones de existencia sin esperar la intervención del gobierno de turno. Basta recordar a las mujeres que en medio de la guerra y el desplazamiento forzado se han ocupado de la reconstrucción del tejido social, allá donde la guerra las ha maltratado o asesinado -Jineth Bedoya o las Madres de Soacha, entre muchas otras-. La tarea en Colombia de reaccionar contra las formas de violencia es conjunta. A veces, un simple gesto como cantar o bailar, ser capaz de expresar la alegría y el dolor, reafirma el sentido de la vida en medio del horror. ¿Cuántos conciudadanos anónimos e indeterminados reconstruyen sus vidas en medio de tantas tragedias? Esta reconstrucción es lo que Usted Mismo busca fortalecer. En otras palabras, lo que se busca es asumir la responsabilidad diaria de la resistencia. En consecuencia, no se trata de marchar un día al mes o al año, mientras que en lo cotidiano siguen ocurriendo hechos problemáticos que, en apariencia, no nos interpelan en absoluto.

Con esto en la cabeza, Usted Mismo ha empezado a recorrer el camino de lo colectivo. En el 2014, se realizó la primera feria cultural en la ciudad de Bogotá: Idematozoide. Capítulo 1: el origen, que trató la simbiosis entre idea-espermatozoide y acción concreta, definida como la creación de un concepto que pasa de lo intangible a lo perceptible y de lo perceptible a lo palpable. Por medio de la participación de músicos, artistas visuales, espacios de discusión informal y talleres de creación y reflexión literaria, buscamos la representación mental de una idea que se gesta y se fecunda en un concepto-creación. A lo largo de estos cuatro años de realizar nuestros sueños con y desde la comunidad, el último proyecto desarrollado en el 2018 fue en los Montes de María: Montes de Alegría, con el cual se buscó el empoderamiento civil a través del arte (graffiti-muralismo, música, comida y literatura) incentivando el diálogo de saberes entre el campo y la ciudad. Muralistas, fotógrafos, músicos, cocineros, escritores y comunidades se reunieron para intervenir artísticamente la Alta montaña de los Montes de María, un lugar que históricamente se ha visto afectado por la guerra y la violencia de todos los actores armados en Colombia. No obstante, éste estigma no afectó que rolos, cartageneros, montemarianos, liberteños, en definitiva, seres humanos, compartieran.

Es por eso que creemos que Usted Mismo puede contribuir a romper los círculos viciosos que reproducen las problemáticas de esta sociedad mediante el ejercicio de acciones directas NO violentas. Pongamos el problema de esta manera: tan solo en enero de 2018 fueron asesinados 27 líderes sociales en el país. Es muy triste pensar que la búsqueda de la paz en Colombia alimenta viejos odios y rencores; es verdad que tanta violencia y horror no desaparecerán de la noche a la mañana, pero esa es solo una parte de la verdad. Seres humanos que habitan el territorio colombiano -incluso con menos oportunidades que han tenido muchos de nosotros -, han resistido en medio del silencio de los medios de comunicación, en el centro mismo del vacío dejado por la ausencia del Estado. Hay dolor y rabia cuando se pierde a un ser querido a causa de las injusticias de la guerra o por la locura propiciada por los odios políticos. No obstante, existen actos de amor que en medio de ese mismo dolor y rabia, permiten (re)construir vidas, pueblos, saberes y memorias ancestrales.

Juan Gelman, el poeta argentino, nos invita a ni a irse ni a quedarse, a resistir,  aun cuando sea seguro que habrá más penas y olvido.

Piénsese sin miedo, hágalo real y párese duro.